A primera vista una pose, una
mirada, un hombre. Provocador, intenso, sentimental, compasivo, confiado,
sereno, intemporal, contemporaneo, sugerente. Te examina con sus ojos
de manera limpia. Te implica. Si rastreas en sus facciones, en su atuendo,
en sus objetos, encontrarás todas las pistas para comprender de
quién se puede tratar. No necesitas más datos para saberle
real, percibiras tanto de él así, como si le conocieses
personalmente. Y creerás que la ficción de la comunicación
es posible. Intuirás entonces que el prodigio reside sólo
en el oficio de fotógrafo. Sólo una imagen, pero nada menos
que una imagen sugerente, contemporanea, intemporal,... ¡clásica!